CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Las células ahora pueden revelar su actividad genética sin dejar de estar vivas

Bautizada “cellular self-reporting” por sus creadores, la técnica ya fue probada en células madre, neuronas y dispositivos de órgano en un chip, y permitió observar cómo cambia con el tiempo la actividad genética de una misma población de células.

Una fila de frascos de cultivo celular con medio de cultivo de color rojo sobre una mesa de laboratorio
Foto: Jean-Etienne Minh-Duy Poirrier / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0

Un equipo del Broad Institute, de MIT y Harvard, desarrolló un método que permite a una célula viva exportar su propio ácido ribonucleico (ARN) para analizarlo sin destruirla, según informó la institución en un comunicado difundido el 1 de septiembre de 2026.

Los métodos existentes para medir el transcriptoma —el conjunto de moléculas de ARN que produce una célula— exigían matarla para acceder a ese material genético, lo que solo ofrecía una fotografía única del momento.

La técnica, descrita en la revista científica Cell, se basa en partículas similares a virus que las propias células fabrican para empaquetar su ARN y expulsarlo hacia el líquido en el que crecen.

Los científicos modificaron células de mamífero para producir una proteína retroviral que reúne el ARN celular, lo envuelve en una cápsula y lo libera al líquido, del que después se toma una muestra para secuenciarlo.

Esa liberación puede repetirse sobre la misma población de células a lo largo del tiempo, lo que permite observar cómo cambia su actividad genética mientras maduran, enferman o reciben un tratamiento farmacológico.

Paul Blainey, miembro del Broad Institute y profesor de ingeniería biológica del MIT, autor principal del estudio, dijo que su laboratorio “se concentra en desarrollar herramientas que realmente se usen y generen un impacto real en el campo”.

Cómo surgió la idea

El equipo de Blainey empezó a trabajar en esto hace más de una década, buscando una forma molecular de secuenciar ARN sin matar las células, inspirada en cómo los retrovirus aprendieron, en millones de años, a empaquetar su material genético en cápsulas de proteína.

Blainey recordó que los métodos existentes eran “un poco medievales, y suponían apuñalar las células o cortarles pedazos”.

Blainey añadió: “Es muy gratificante ver que este concepto, que era pura ciencia ficción cuando empezamos, se hace realidad. Es un gran ejemplo del impacto innovador que puede tener una investigación a largo plazo, de alto riesgo y alta recompensa”.

Mohamad Najia, investigador del laboratorio de Blainey y coautor del estudio, afirmó que, frente a la robótica o las biopsias mecánicas, su “solución codificada molecularmente” podría ser “mucho más útil para un laboratorio promedio de ciencias de la vida o biomédico”.

El equipo probó el método en células humanas inmortalizadas, cancerosas, madre y en neuronas derivadas de ellas, además de en células primarias de donantes humanos.

Con Linda Griffith, profesora de ingeniería biológica y mecánica del MIT, los investigadores probaron la técnica en dispositivos de órgano en un chip y hallaron diferencias en la actividad génica de células endoteliales según si las de sostén venían del útero o del pulmón.

El equipo del Broad sigue buscando nuevas aplicaciones para el método y trabaja ahora en adaptarlo para poder estudiar células individuales, según el comunicado.