Las células ahora pueden revelar su actividad genética sin dejar de estar vivas
Bautizada “cellular self-reporting” por sus creadores, la técnica ya fue probada en células madre, neuronas y dispositivos de órgano en un chip, y permitió observar cómo cambia con el tiempo la actividad genética de una misma población de células.

Un equipo del Broad Institute, de MIT y Harvard, desarrolló un método que permite a una célula viva exportar su propio ácido ribonucleico (ARN) para analizarlo sin destruirla, según informó la institución en un comunicado difundido el 1 de septiembre de 2026.
Los métodos existentes para medir el transcriptoma —el conjunto de moléculas de ARN que produce una célula— exigían matarla para acceder a ese material genético, lo que solo ofrecía una fotografía única del momento.
La técnica, descrita en la revista científica Cell, se basa en partículas similares a virus que las propias células fabrican para empaquetar su ARN y expulsarlo hacia el líquido en el que crecen.
Los científicos modificaron células de mamífero para producir una proteína retroviral que reúne el ARN celular, lo envuelve en una cápsula y lo libera al líquido, del que después se toma una muestra para secuenciarlo.
Esa liberación puede repetirse sobre la misma población de células a lo largo del tiempo, lo que permite observar cómo cambia su actividad genética mientras maduran, enferman o reciben un tratamiento farmacológico.
Paul Blainey, miembro del Broad Institute y profesor de ingeniería biológica del MIT, autor principal del estudio, dijo que su laboratorio “se concentra en desarrollar herramientas que realmente se usen y generen un impacto real en el campo”.
Cómo surgió la idea
El equipo de Blainey empezó a trabajar en esto hace más de una década, buscando una forma molecular de secuenciar ARN sin matar las células, inspirada en cómo los retrovirus aprendieron, en millones de años, a empaquetar su material genético en cápsulas de proteína.
Blainey recordó que los métodos existentes eran “un poco medievales, y suponían apuñalar las células o cortarles pedazos”.
Blainey añadió: “Es muy gratificante ver que este concepto, que era pura ciencia ficción cuando empezamos, se hace realidad. Es un gran ejemplo del impacto innovador que puede tener una investigación a largo plazo, de alto riesgo y alta recompensa”.
Mohamad Najia, investigador del laboratorio de Blainey y coautor del estudio, afirmó que, frente a la robótica o las biopsias mecánicas, su “solución codificada molecularmente” podría ser “mucho más útil para un laboratorio promedio de ciencias de la vida o biomédico”.
El equipo probó el método en células humanas inmortalizadas, cancerosas, madre y en neuronas derivadas de ellas, además de en células primarias de donantes humanos.
Con Linda Griffith, profesora de ingeniería biológica y mecánica del MIT, los investigadores probaron la técnica en dispositivos de órgano en un chip y hallaron diferencias en la actividad génica de células endoteliales según si las de sostén venían del útero o del pulmón.
El equipo del Broad sigue buscando nuevas aplicaciones para el método y trabaja ahora en adaptarlo para poder estudiar células individuales, según el comunicado.