CIENCIA Y TECNOLOGÍA

El cerebro de los perros detecta palabras fijándose en las consonantes, igual que el humano

El hallazgo, del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de la ELTE, no depende de que el animal tenga lenguaje propio: los perros criados en la calle o en refugios mostraron el mismo sesgo que los perros de familia.

Un perro con las orejas erguidas, en actitud atenta, mirando hacia un lado
Foto: Gopal1035 / https://www.flickr.com/photos/gopal1035/ / http://gopal103 / Wikimedia Commons, CC BY 2.5

El cerebro de los perros segmenta el habla en palabras fijándose en las consonantes, de la misma manera en que lo hace el cerebro humano, según un estudio publicado el 24 de septiembre de 2026 por investigadores de la Universidad Eötvös Loránd, en Budapest.

Las palabras están formadas por consonantes y vocales; aunque las vocales suenan más fuerte, las consonantes suelen marcar el esqueleto de la palabra.

Desde la infancia, el cerebro humano se apoya en ellas para distinguir las palabras dentro de un habla continua, lo que los científicos llaman “sesgo consonántico”.

Attila Andics, neurocientífico cognitivo y jefe del Laboratorio de Neuroetología de la Comunicación de la ELTE, se preguntó si ese sesgo exige capacidades de lenguaje exclusivamente humanas o si podría surgir en otras especies mediante un simple aprendizaje de patrones.

Para comprobarlo, el equipo comparó las respuestas cerebrales de 20 personas y 20 perros de compañía mientras escuchaban flujos de habla continuos, con tres tipos de secuencias: con patrones de consonantes, con patrones de vocales y, como control, sin ningún patrón.

Mediante electroencefalogramas no invasivos, los investigadores midieron la sincronización neuronal, es decir, qué tan de cerca el ritmo de la actividad cerebral seguía el ritmo de los sonidos escuchados.

El estudio, publicado en la revista Science, encontró que tanto el cerebro de los perros como el de los humanos se sincronizaba con más fuerza con el ritmo de las palabras formadas por consonantes.

“Esta es la primera evidencia de que un sesgo consonántico también puede surgir en el cerebro de una especie distinta a la humana”, afirmó Kinga G. Tóth, psicóloga, coautora del estudio e investigadora doctoral del grupo.

Alrededor de 400 milisegundos después de iniciada cada palabra, ambas especies mostraron un cambio distintivo en su actividad eléctrica cerebral, pero solo en las palabras con consonantes, la ventana que coincide con la segmentación del habla en palabras individuales.

Según Tóth, esa sintonía no apareció solo en perros criados en ambientes ricos en lenguaje: los que pasaron sus primeros tres meses en la calle o en un refugio, en vez de con una familia, mostraron un sesgo igual de fuerte.

Los investigadores también observaron diferencias entre las dos especies: los humanos lograron detectar palabras formadas por patrones de vocales, aunque con menos éxito que con las de consonantes, algo que los perros no consiguieron.

Andics resumió el hallazgo así: “la sintonía del cerebro con el habla, y en concreto la aparición del sesgo consonántico, no requiere un cerebro preconfigurado ni capacidades de lenguaje propias de los humanos”.