Con telémetro de golf y sonómetro, biólogos hallan dos aves que superan los 120 decibelios
Ni la movilidad aérea, ni la densidad del hábitat, ni el sistema de apareamiento tuvieron un efecto inequívoco sobre el volumen máximo, según el artículo de la revista Evolution.

Dos aves, el campanero de garganta desnuda y la chuña de patas rojas, superaron los 120 decibelios de pico cuando biólogos de la Universidad de Massachusetts Amherst midieron su canto con un telémetro de golf y un sonómetro, según un comunicado de la universidad.
El artículo, publicado el 29 de septiembre de 2026 en la revista Evolution, presenta a las dos especies como candidatas al título de ave más ruidosa identificada hasta ahora.
Los biólogos Jeff Podos y João C.T. Menezes, su antiguo estudiante de posgrado, midieron el volumen de 123 especies en los alrededores de Amherst, en Massachusetts, y por Brasil. No buscaban récords: querían saber si el cuerpo del ave permite predecir qué tan fuerte canta.
Cómo se mide un canto
“Averiguar qué tan fuerte es el canto de un ave debería ser bastante fácil en el laboratorio, pero hasta hace muy poco ha sido muy difícil hacerlo en el campo y hay muy pocos datos en los que apoyarse”, dijo Menezes.
El volumen depende de la distancia: un grito ensordecedor de cerca puede apenas registrarse a unos cientos de metros. Medir ambas cosas de forma fiable y a la vez no era práctico para los ornitólogos hasta que los golfistas inventaron telémetros láser precisos y quienes vigilan la seguridad en el trabajo construyeron sonómetros portátiles de alta resolución.
Menezes y Podos adoptaron pronto las nuevas herramientas y reunieron datos de 123 especies, 113 de ellas sin ninguna medición previa de su volumen.
El volumen máximo varía en 58 decibelios entre especies. El colibrí, con 64, comparable a una conversación normal, ocupa un extremo; las dos aves de más de 120 decibelios de pico, por encima de motosierras y martillos neumáticos, el otro.
Las más ruidosas suelen ser más grandes, con músculos voluminosos que podrían permitir comprimir más aire, y tienen una abertura del pico más ancha, algo parecido a la campana de instrumentos como la trompeta, que puede ayudar a amplificar el volumen.
En 2019, Podos ya había descubierto que el campanero blanco de la Amazonía tenía el canto más fuerte del mundo, algo que luego confirmó Guinness World Records.
Lo que los datos no explican
Los autores habían planteado que las aves más ruidosas serían peores voladoras, vivirían en bosques densos y serían polígamas. Los datos no respaldaron ninguna predicción amplia y clara sobre el propósito ecológico y evolutivo del volumen.
“Todavía no hemos descubierto los porqués, y probablemente necesitemos muchos más datos de muchas más especies”, afirmó Menezes.
Podos quiere volver al campo con Menezes, su telémetro de golf y su sonómetro. “No se puede hacer este tipo de trabajo en el laboratorio ni rastreando datos de internet”, dijo.