CIENCIA Y TECNOLOGÍA

El mirlo común logra la nota más alta por su canto: 4,52 sobre 5

Los 84 oyentes, de entre 19 y 81 años, puntuaron más alto los cantos con un ancho de banda estrecho y mayor complejidad.

Un mirlo común (Turdus merula) cantando posado en una rama
Foto: Alexander Boden / Wikimedia Commons, CC BY-SA 2.0

El mirlo común (Turdus merula) obtuvo la calificación más alta de agrado sonoro, 4,52 sobre 5, entre 123 cantos de aves silvestres evaluados por oyentes alemanes, según un nuevo estudio de la Universidad de Tubinga, en Alemania.

En el otro extremo quedó la lechuza común (Tyto alba), con apenas 1,32 sobre 5, la calificación más baja de las 123 especies analizadas.

La investigación, publicada el 2 de septiembre de 2026 en la revista Frontiers in Bird Science, es —según sus autores— la primera en relacionar frecuencia, amplitud, ancho de banda y complejidad del canto con la percepción humana de esos sonidos.

Un equipo liderado por la investigadora Nadine Kalb reunió a 84 participantes, de entre 19 y 81 años, que escucharon grabaciones de 15 segundos de las 123 especies. Los audios se tomaron con permiso escrito del DVD “Die Stimmen der Vögel Europas”.

Los oyentes calificaron cada sonido de uno (poco agradable) a cinco (muy agradable); los datos se recogieron entre noviembre de 2022 y enero de 2023, y en mayo de 2025.

Los sonidos con frecuencias bajas y máximas más altas, pero con menor amplitud y frecuencia alta, y un ancho de banda más estrecho, se percibieron como más agradables. Los sonidos más complejos también recibieron calificaciones más altas.

La capacidad de los oyentes para reconocer aves por su aspecto o su canto no influyó en las calificaciones que dieron a los sonidos.

“No es necesario ser una ‘persona de pájaros’ para encontrar hermosos los sonidos de las aves”, afirmó Kalb en un comunicado de la editorial científica Frontiers.

Ese hallazgo, añadió, sugiere que el disfrute del canto “está conectado con algo más fundamental que simplemente saber qué se está escuchando”.

Kalb apuntó una posible razón de esa preferencia: “Podríamos estar programados para preferir sonidos más variables, con amplitudes y frecuencias moderadas, porque señalan un entorno seguro, saludable y restaurador en el que podemos relajarnos”.

El coautor Christoph Randler señaló que el canto de las aves suele considerarse “uno de los aspectos más placenteros de pasar tiempo en la naturaleza”.

Randler advirtió, sin embargo, que “no todos los sonidos de aves se perciben igual de positivamente”, y añadió que le gustaría investigar cómo influyen estos sonidos en las personas “en entornos del mundo real”.

Los autores señalan que los resultados provienen de un único contexto cultural —oyentes alemanes que evaluaron aves nativas de Alemania— y no pueden generalizarse a otras regiones.

El estudio tampoco midió cuántas veces repite su canto cada ave, un factor que podría afectar el agrado percibido, y el equipo pide más investigación para saber si ese agrado se traduce en beneficios restauradores.