CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Venus pudo haber destruido su propia luna por su gravedad y su lenta rotación, según un estudio

El autor del estudio, el astrofísico Stephen Kane, cree que Venus pudo tener una luna, pero si llegó a formarse sigue siendo una pregunta abierta.

Mapa de la superficie de Venus elaborado por la NASA a partir de datos de radar
Foto: NASA / JPL / Caltech (McAuley / Wikimedia Commons, Public domain

La gravedad del propio planeta y su lenta rotación habrían hecho que Venus terminara devorando a la luna que pudo haber tenido, según una nueva investigación de la Universidad de California en Riverside (UCR), difundida el 14 de septiembre.

Los científicos llevan tiempo preguntándose por qué Venus, con un tamaño, una masa y una estructura similares a los de la Tierra, carece de un satélite natural.

Hasta ahora se había teorizado que el planeta tuvo alguna vez una luna que fue destruida por el impacto de un objeto masivo, o bien que nunca sufrió la colisión que habría formado un satélite.

La nueva investigación, publicada en la revista The Astrophysical Journal, muestra que ninguna de las dos hipótesis encaja.

“Mi estudio muestra que Venus no necesitó una catástrofe para llegar a lo que vemos hoy”, dijo el astrofísico de la UCR y autor principal del trabajo, Stephen Kane.

“Resultó que la gravedad del propio planeta, combinada con la velocidad a la que gira, hizo que la luna colapsara sobre él de forma natural”, añadió.

“Sabemos que la Luna se aleja lentamente del planeta, a un ritmo de unos cuatro centímetros por año”, dijo Kane.

Ese alejamiento ocurre porque la Tierra gira relativamente rápido, en 24 horas por rotación.

Venus tiene la situación exactamente opuesta: tarda 243 días terrestres en completar una sola rotación.

En lugar de alejarse, la rotación lenta y la gravedad del planeta harían que una luna se acercara en espiral hasta chocar contra él.

Para comprobarlo, Kane elaboró modelos informáticos basados en la física de cómo interactúan los cuerpos planetarios a través de la gravedad.

Con esos modelos reprodujo primero la evolución de la Tierra y su luna, y después varió la velocidad de rotación de Venus y el tamaño de sus lunas hipotéticas, con masas de entre la mitad y diez veces la de la luna terrestre.

“Cuando hice este descubrimiento, me quedé impactado”, dijo Kane.

“Pensé que el amplio abanico de escenarios que estaba explorando llevaría con seguridad a una variedad de resultados. Pero todo fue prácticamente en la misma dirección”.

El hallazgo no demuestra que Venus tuviera alguna vez una luna.

Alrededor del 80% de la superficie del planeta tiene una edad similar, una evidencia de un importante episodio de renovación superficial ocurrido hace unos mil millones de años que borró gran parte de su historia geológica anterior.

Una colisión de ese tipo habría transferido al planeta una enorme cantidad de energía y de momento angular, con capacidad para alterar su rotación, su geología y su clima.

Si Venus tuvo alguna vez océanos u otras condiciones favorables para la vida, ese impacto pudo haber alterado el curso de la evolución del planeta.