Cinco cosas que la evidencia dice sobre la siesta corta
En cinco puntos: una siesta de entre 10 y 20 minutos mejora la atención y la memoria sin dejar al cuerpo aturdido, según la Sleep Foundation; un estudio suizo con más de 3.400 personas asoció además dormir la siesta una o dos veces por semana con menos infartos y accidentes cerebrovasculares.

La Sleep Foundation, organización estadounidense dedicada a la investigación del sueño, recomienda que una siesta dure unos 20 minutos y no más de 30 para adultos que buscan recuperar energía sin dificultades para despertar. Esta nota resume, en cinco puntos, lo que la evidencia dice sobre la siesta corta.
Dormir 20 minutos permite un sueño ligero que aumenta el estado de alerta sin llegar al sueño profundo, cuyo despertar puede causar aturdimiento, según la Sleep Foundation; una siesta de hora y media, en cambio, completa un ciclo entero sin interrumpir la fase profunda, útil para trabajadores de turno. La organización recomienda evitar el punto intermedio: entre 30 y 60 minutos hay más riesgo de despertar en sueño profundo y sentirse peor que antes de dormir.
Sobre los beneficios cognitivos, la Sleep Foundation afirma que una siesta puede mejorar funciones como la memoria, el razonamiento lógico y la capacidad de completar tareas complejas.
Una revisión sistemática con metaanálisis publicada en el International Journal of Environmental Research and Public Health, que combinó 11 estudios con 381 participantes, encontró que el rendimiento cognitivo mejoró en el grupo que hizo la siesta, sobre todo en el estado de alerta.
Esa misma revisión halló que las siestas tomadas antes de la 1 de la tarde se asociaron con mejor rendimiento cognitivo que las de la tarde más avanzada, con un beneficio independiente del sexo y la edad de los participantes.
Los propios autores de la revisión pidieron cautela antes de convertir la siesta en una recomendación laboral, ya que su análisis se basó casi exclusivamente en estudios de laboratorio.
Sobre el corazón, un estudio de la Universidad de Lausana, en Suiza, publicado en Heart en 2019 con 3.462 residentes, asoció dormir la siesta una o dos veces por semana con un riesgo de infarto, ictus o insuficiencia cardíaca casi un 48% menor frente a quienes no dormían siesta.
La asociación se mantuvo tras ajustar por edad, sueño nocturno, factores de riesgo cardiovascular, somnolencia diurna y depresión; no apareció en quienes dormían siesta todos los días.
Los autores advirtieron que su diseño observacional no permite establecer causalidad, y que los datos de siesta y sueño se basaron en lo que cada persona recordaba, no en una medición directa.
En un comentario que acompañó a ese estudio en la misma revista, los médicos Yue Leng y Kristine Yaffe apuntaron que podría no ser solo la duración, sino también la frecuencia de la siesta, lo que influye en ese hallazgo.
La Sleep Foundation recomienda además no dormir la siesta demasiado tarde, porque puede afectar el sueño de esa misma noche; sugiere completarla al menos ocho horas antes de acostarse. Ante cualquier problema de sueño persistente o síntoma cardíaco, la recomendación es consultar a un médico.